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Carta de una maestra ¿Qué hacer para transmitir valores?
La educación que patrocine valores ha dejado de ser un tema de moda para convertirse en una necesidad muy sentida en nuestro país. Sin embargo, no sabemos cómo abordar tamaña responsabilidad. Pareciera que vemos los valores como entidades abstractas y lejanas que podemos conseguir en el “mercado celestial” y que quisiéramos obtener para ponerlas al alcance, de alguna manera aun desconocida, en nuestros niños y jóvenes.
Educar para formar valores requiere trabajar en el desarrollo moral, así como lo hacemos en el físico o intelectual. Es interesante conocer los estudios sobre el tema y las etapas que transitamos para llegar a la formación de los valores y los principios éticos. Kohlberg, psicólogo de la Universidad de Harvard, se ha destacado en este campo. De acuerdo a su teoría, el desarrollo moral pasa por seis estadios, agrupados en tres niveles que describiré de manera muy general.
En el primer nivel el niño responde a normas impuestas, las cumple por sus consecuencias: premio-castigo, aprobación-desaprobación. Es la etapa que va de la obediencia a la autoridad. En el segundo nivel, que se puede ubicar al inicio de la adolescencia, llega a la comprensión del grupo y de sus reglas, así como al reconocimiento del otro y de sus circunstancias. El tercer nivel, el más elevado, es el que lleva a los principios, pasando de lo social establecido a lo personal válido, es decir a la autonomía moral. Finalmente, Kohlberg habla de la etapa, pocas veces alcanzada, de los principios éticos universales.
En el desarrollo moral influyen factores básicos como la familia, la escuela, los medios de comunicación y el grupo de coetáneos. Los valores que queremos fomentar hoy en día no se forman solos. Además del ejemplo como eje primordial, los padres y maestros hemos olvidado muchas cosas que ayudan a la formación integral y son la base de la educación de seres humanos valiosos. Podemos concluir que hemos dejado de:
- Establecer límites con amor y firmeza, lo cual da al niño la seguridad de un marco de referencia claro, establecido y que le evita la inseguridad de lo nebuloso o inconstante. Le enseña la obediencia y lo prepara para el control de sí mismo.
- Estimular el autocontrol, no sólo basándonos en órdenes sino haciendo cumplir reglas en juegos divertidos. El autocontrol es un reto y la clave para formación de la voluntad.
- Exigir, en este mundo donde el facilismo tiene tanta aceptación. Los adultos tenemos dificultades para exigir, sin embargo sabemos que la permisividad puede dar como resultado seres humanos muy débiles. Exigir es esperar lo mejor, es enviar un mensaje de confianza: “creemos en ti, creemos que puedes”.
- Educar las emociones, los educadores debemos reconocer, valorar y guiar el manejo y la expresión de las emociones de nuestros hijos o alumnos. Si rechazamos, negamos o ignoramos la rabia, la tristeza o el miedo, les enviamos un mensaje muy negativo que consistiría en que: “las emociones son malas, no importan o se pueden expresar de cualquier manera, incluso a golpes o a gritos”.
- Estimular y reforzar las actitudes pro-sociales: escuchar, compartir, ponerse en el lugar de otros. Ayudar, participar en programas de servicio social. Con esto nos acercamos a valores tan importantes como el respeto, la tolerancia o la solidaridad.
- Trabajar el aspecto cognoscitivo de los valores: hablar de los valores en la vida cotidiana, destacar su importancia, definirlos, establecer una escala según la visión familiar, discutir situaciones éticas, resulta indispensable para la formación moral.
- Desarrollar la conciencia, llamando la atención del niño y del joven sobre sí mismo para que vea y sienta que en cada situación de la vida estamos ante una decisión. Esa elección es su opción y responsabilidad. La conciencia es la que nos puede llevar a los estadios de autonomía moral.
- Dar una educación religiosa, es importante porque el sentimiento de relación con un Ser superior lleva al niño a ponerse en contacto con lo mejor de sí mismo, lo más noble, lo más elevado.
- Tener un proyecto de vida, es indispensable para los jóvenes de hoy porque le da un sentido a sus acciones y actitudes, a lo que se permiten o no, a lo que buscan en la vida y a lo que evitan.
Carmen Inés Vásquez valores1@cantv.net
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