6 de septiembre de 2010


Año 2010    Edición enero 2010
Sección: Nutrición
Nutrición para el cuerpo y el espíritu
[Versión para imprimir][Enviar a un amigo][Enviar un comentaro sobre este artículo]

Nutrición para el cuerpo y el espíritu

Son muy pocas las mamás que no se preocupan por la alimentación de sus hijos. En todo momento nos preguntamos si les estaremos dando lo correcto, si será suficiente, si lo estaremos haciendo bien. Pero muchas veces cometemos el error de ocuparnos sólo de qué, dónde y cuánto comen, y sin querer, nos olvidamos del cómo y del para qué. La comida deja de ser entonces un ritual para la salud, el disfrute y el compartir y se convierte en un problema a resolver

Comer en familia, compartiendo las aventuras agradables del día, resulta un hábito cada vez más difícil de mantener, pues son muchos los elementos que hay que coordinar para lograrlo:

  • Los diferentes horarios de cada quien (en la guardería, el colegio, el trabajo, la universidad).
  • Las distintas actividades extracátedra.
  • El número de “enanos”, incluyendo al marido, todos reclamando su merecida cuota de atención.
  • La ausencia o presencia de ayuda técnica para limpiar la casa, cocinar y planchar.
  • Las veinte mil cosas de las que nos ocupamos a lo largo del día.
  • El cansancio y las ganas de salir corriendo cuando se nos enreda la cabuya, a falta de tener una varita mágica que arregle todas las cosas en un solo día.

A esto se agregan otros dos elementos que condicionan de manera importante tanto la calidad del ambiente como el estado de ánimo y la forma de comer: el factor tiempo y la mortificación por la cantidad ingerida –en este caso por los hijos, no por las mamás eternamente en dieta-.

Factor tiempo

Por aquello del tiempo suelen cometerse varios errores:

  • Se omite el desayuno porque no hay tiempo para comer. Eso no es cierto. En la mañana bastan 10 minutos para desayunar algo: cereal con leche, sándwich, arepa o huevos fritos, los cuales se pueden preparar mientras se arman las loncheras o se pueden dejar lo más adelantado posible la noche anterior –mesa puesta, cafetera montada, masa hecha-. Con organización se puede desayunar en casa.
    Si el problema está en la falta de apetito tan temprano en la mañana, lo recomendable es desayunar lo más pronto posible, antes de comenzar la actividad, bien sea escolar o laboral. Esto es preferible a comer en el carro, práctica que puede resultar estresante por los derrames y sus sabidas consecuencias sobre la tapicería y los uniformes del colegio.
  • Se traga la comida casi sin masticar, porque no hay tiempo para comer. Masticar bien los alimentos es un paso indispensable para la buena digestión, y si bien llenar el estómago es mejor que pasar hambre, tener pesadez estomacal o acidez por una mala o estresada digestión tampoco es saludable.

Esta preocupación por el tiempo puede convertir las horas de comer en una peleadora: “apúrate, chico, traga rápido”; “tú sí te tardas”; “por tu culpa vamos a llegar tarde”, son expresiones muy típicas que hacen que la hora de comer se convierta en un pequeño infiernillo, tanto para las madres como para los niños. Levantarse 10-15 minutos más temprano para poder desayunar en paz y organizar las actividades de la tarde para que los niños puedan almorzar tranquilos antes de continuar, pueden ser buenas estrategias para reducir el estrés y hacer más agradables las comidas.

Si ocurre que en el colegio las actividades en la tarde empiezan casi inmediatamente después de la hora de salida y los niños tienen muy poco tiempo para comer, la planificación conjunta de los horarios, entre la institución educativa y la Sociedad de Padres y Representantes, puede mejorar este problema.

  • “Come tú solo, estoy muy ocupada”. Y en lugar de compartir con los chiquitos, los dejan solos en la mesa, acompañados de la pared o del televisor. ¿Dónde está el afecto allí?

La mortificación por la cantidad ingerida

Es bastante común escuchar la expresión “es que come muy poquito”, y para que coma más, cualquier estrategia es posible. Están las tácticas que involucran la distracción, que van desde pasearlos en el carro hasta dejarlos jugar con el chorro de agua en el lavaplatos, porque si no los distraen, no comen.

Están las estrategias que involucran agresión: la correa guindada en el cuello o frases y acciones como: “si no te lo tragas te pego” o “si vomitas te hago tragar el vómito”.

En ambos extremos, el del juego o el de la agresión, se irrespetan los mecanismos naturales de saciedad del niño, se forman malos hábitos de alimentación y se afecta la relación madre-hijo.

Recordemos que uno niño con hambre come sin necesidad de amenazas o de avioncitos.

Como ven, alimentar a nuestros hijos va mucho más allá de quitarles el hambre. Es una maravillosa oportunidad tanto para brindar salud a sus cuerpos como para brindar amor y consentimiento a sus espíritus. Este especial compartir en la mesa puede extenderse además a todas las actividades que giran alrededor de ella –cocinar, poner la mesa, lavar los platos- si todos los miembros de la familia, de acuerdo a su nivel de capacidad, participan.

Elizabeth Espinoza
Nutricionista, terapeuta floral
eespinoza@urologico.com


 
Nombre y apellido:
Correo electrónico o teléfono:
Título:
Comentarios:    (Todos son campos obligatorios)